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martes, 30 de junio de 2009

AMÉRICA, UNA INTENCIONALIDAD...



América es el Continente Nuevo para los aventureros. Éste se incorpora a la “historia”. Se rompe aquella imagen de existencia lineal. La ruptura altera los planes del conquistador que viene en búsqueda de riquezas y encuentra unas tierras maravillosas, ricas, ajenas y sin límites. Se rompe con la cultura del aborigen, con la diversidad de costumbres y ritos, con el pensamiento. Este Nuevo Mundo tan distanciado culturalmente, es la cuna de la lucha entre el opresor codicioso y un oprimido asustado y temeroso. El lenguaje son las señales y la simulación.

Todo parece extraño al hombre invasor. La ansiedad por las propiedades lo lleva a ‘capitular’, a pactar con la Corona Española que, bondadosamente, accede a tal pedido. Las tierras conquistadas quedan saqueadas; son un campo de batalla donde el poderoso ridiculiza al aborigen, deshumanizándolo. Es como, algunos religiosos dieron una voz de aliento y, en ocasiones se aboga para lograr un mejor trato. “Es la consolidación de la república de los siervos en beneficio de la república de los libres... La dura pedagogía de la opresión es el constitutivo esencial del paso del no-ser al ser: del bárbaro al civilizado, del infiel al evangelizado”[1]. El indio está indefenso y al servicio del opresor; reducidos a una esclavitud práctica de servicio personal y despojado de su propiedad económica y cultural.

El saqueo y la muerte son justificados. Nuestro indio vive en libertad, amando y luchando con la naturaleza. Pero, ahora lucha contra una fuerza que lo somete a trabajos forzados. Se usa la violencia para la conquista y la “evangelización” para educarlo. Sin embargo, las creencias, la estructura social, las costumbres son abolidas por una cultura ajena y sin sentido inicial: nueva lengua, práctica de nuevas leyes y un esquema de servicio.

El campo de lucha indígena está desolado en el “pensamiento”. Se impone la cultura del servicio con un legado desconocido. Los religiosos que acompañan al conquistador pretenden la evangelización del indígena, para salvar su alma. En el transcurso, nace una ola indigenista que defiende la no – violencia y pregona justicia en el trato. Los desmanes de la conquista continúan por móviles económicos “como los repartimientos de tierras, la encomienda de indios, el servicio personal, la carga, las naborías, la boga, el laboreo de minas, el sistema de tributación, entre otras, fueron haciendo irreversible el establecimiento de lo que sería lentamente la Nueva Granada y la actual Colombia”[2].

Estos aventureros quieren la organización de una nueva sociedad, en donde la colonización arrasa con los vestigios humanos del indio a través de la explotación. Las ruinas de la cultura aborigen inician un proceso de encuentro con la cultura peninsular. Es un encuentro violento en donde la espada, el escudo y el arrojo invasor aplastan la resistencia original[3], gracias a las argucias de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada. Pero, el indio vive una situación miserable por la dependencia total con relación a la Metrópoli, caracterizada por un rígido centralismo y por dar valor a la mano de obra.

La relación cultural con el aborigen es la marginación y la degradación humana. El medio de comunicación es el trabajo y la esclavitud. La palabra no guarda sentido ni significado para el invasor. Los lamentos son el medio de expresión que guardó sentido y valor de ‘escucha’.

El indio actúa y piensa. La rebeldía se encamina a la búsqueda de la autenticidad y a romper los lazos de la esclavitud que han impedido el despertar. La corrupción del ‘salvaje’ – como persona - acaba con la estructura cultural. Sin embargo, el indígena es una persona con plena libertad. La lucha es constante contra un título de legitimidad y servidumbre esclavista. Los defensores son incapaces de romper con las crueldades e injusticias del reino.

El aborigen no puede estar alejado de la realidad. Él se hace partícipe de la humanización, de la utopía planteada de ‘crear’ un hombre nuevo en un mundo explotado. ¿Cómo recibir enseñanzas prácticas cuando hay deshumanización? ¿Cómo crear un ambiente literario para escuchar los lamentos? Se tiene que formar una sociedad nueva, donde el español, el indio y el negro la componen en una tentativa de mestizaje. Una sociedad que busca y da razón a la identidad personal y cultural. Hay manifestaciones con intencionalidad filosófica, literaria e ideológica... que tomarán las riendas dialécticas de la sociedad.


[1] SALAZAR R., Roberto J. Filosofía de la Conquista de Colombia. Editorial El Búho. Bogotá, 1983. Pág. 24 – 25.

[2] SALAZAR R., Roberto J. Filosofía de la Pacificación en Colombia. Editorial El Búho. Bogotá, 1984. Pág. 7 – 8.

[3] Ibídem. Pág. 11 – 12.

Por Luis I. Rodríguez

lunes, 22 de junio de 2009

SERENIDAD...




Las palabras viajan acompañadas de amor

y vuelven a estar armoniosas en la mente,

ancladas en la tranquila mar azul

que danza en los pensamientos,

las lágrimas, la ternura, la serenidad…

Una palabra vence la angustia y la desazón

para vivir, para existir, para pensar y

descubrir el valor de la serenidad…


Un círculo de esa mar me estremece e

inunda a borbotares la fuerza espiritual.

La intensidad de esa abismal verdad

no impedirá que pueda nadar en pensamientos

hasta encontrar el calor del verde amor y

descubrir el sentido de la serenidad…


Necesito compartir mis sencillos pensamientos

y nunca callar lo que siento.

El hombre buscará sediento el camino

escudriñando el valor de la inmensa verdad

que guarda como un tesoro dentro de sí,

escuchando los petrificados gritos al hablar y

descubrir la angustia con serenidad…


El tiempo yace en naciente historia

del oscilante péndulo sideral,

ahora estoy fantaseando cual mariposa

buscando una profunda razón

en la dimensión propia del filosofar…

Las palabras penetran, viajan y

volverán a ser una ilusión al

descubrir el asombro con serenidad…


Ahora estoy callado,

pensando en los ladrillos

de los recortes literarios y filosóficos

que impulsan a la lucha cotidiana

del pensamiento por salir de la nada y

descubrir el camino del cuestionar con serenidad…

Por Luis I. Rodríguez

viernes, 19 de junio de 2009

LA BÚSQUEDA DE UN PRINCIPIO


El agua es el elemento fundamental.
El líquido es la fuente de la vida.

El agua salió de la diosa madre de los hombres
Y a ella regresó después de poblar la tierra

Mediante su exuberante fecundidad.

Mito de Bachué



El pensamiento prefilosófico y literario de nuestros antepasados conlleva un desarrollo cultural que ha traspasado las fronteras en donde los intelectuales de hoy se sienten asombrados por su originalidad en el pensar y en el quehacer cotidiano. Las capacidades del aborigen son el fruto de la interacción con el mundo maravilloso, adoptándose a unas condiciones específicas. El hombre ya no vive en un mundo puramente físico sino que aprovecha su silencio para sentir el aroma de la vida y comenzar a justificar su presencia, danzando armónicamente en la búsqueda de sentido cósmico y antropológico.

Nuestros ingeniosos pobladores cantan a la naturaleza, admirando la belleza e ideando una purificación del espíritu. En la lucha por la subsistencia trabajan en la búsqueda de la propia identidad a través del mito , de lo maravilloso del saber. Sus expresiones manifiestan un claro conocimiento de su entorno, de sus necesidades. Por eso, “el hombre trata de ser aquello que lo asombra. Surge el ritmo al tratar de consonar con lo maravilloso. Surge la danza. Ya el danzante es aquello. Ya en él está la presencia. Es el Dios. El origen: árbol, río, bestia... y en los giros de la danza emerge el arquetipo que dará validez a los usos, a las costumbres. Surge la forma, la realidad ejemplar, la que justifica” .

Esta expresión primitiva y espontánea de la realidad tal como la percibe intuitivamente nuestro antepasado es el inicio de lo literario y de la prefilosofía. Él busca el fundamento de la quimera, encontrando modelos con los que se identifica y trata de comprender la realidad para seguir la dialéctica de lo natural.


La poesía indígena presenta una forma especial de cantar a la vida, a la naturaleza, a la creatividad. Los cantos prometen un conocimiento de búsqueda de los orígenes, de la relación al ‘Padre dios poderoso’ y de una esperanza del hombre a ‘crecer’ en unidad y armonía (Muiscas).

El poema de la creación de los indios ‘Koguis’ produce admiración por su concepción y profundidad. Lleno de imaginación, logra adentrarnos al conocimiento cosmológico de su tiempo. Los describe a ‘Aluna’, Madre del Agua – pensamiento o idea, memoria -. Los indios Huitotos siguen indagando por el primer principio. Su personaje es el ‘Padre, quien toca una quimera y la piensa para sí’. La cosmovisión tiene un carácter natural.
Estos personajes crean y estructuran su cosmología desde sí mismos y para sí mismos. Ven el mundo lleno de posibilidades. En él buscan el sentido a su destino, dando cabida al asombro, a la danza, a la fiesta, al ritmo del amor. Su lenguaje no traiciona las referencias particulares de las destrezas intelectivas y definen con autenticidad el pensar y el cantar.

El mundo del mito, de la poesía es el medio por el que puede explicar y darse a conocer ese aborigen para ser acogido, respetando la fidelidad, su sentir lúdico.
El indígena habla de un tiempo antiguo y a la vez de un tiempo mítico, que es necesario perpetuar y conocer. Pasado y presente se funden en un futuro interpretativo del destino histórico. De estos pequeños testimonios y experiencias poéticas y míticas, se deduce la fina sensibilidad de su espíritu, de su imaginación creadora, de su organización social, de su cosmovisión.

La cultura muisca forja el alma colombiana, alcanzando una conciencia de su condición humana, no comparable a animales u objetos. La valoración humana, tan esencial, se encuentra entre los mitos de Bachué y los Príncipes Creadores. El contexto cultural comprende elementos de la era matriarcal (Bachué). Su elemento vital es el agua, nacimiento, desarrollo y regreso, porque “del agua salió la diosa madre de los hombres y a ella regresó después de haber poblado la tierra mediante su exuberante fecundidad” .

La cosmovisión muisca tiene una elaboración intelectual de avanzada. El hombre tiene un origen divino y es una parte – por mínima – del mundo, que tiene sentido y pertenece a la totalidad. Su pensamiento guarda continuidad y armonía entre lo divino, natural y humano. Se da una ligazón que esclarece cada momento.

El ‘dios civilizador’ es un ser cercano y humano que pretende hacer original al hombre muisca en la toma de conciencia de su desarrollo cultural. Por eso, él no vive aislado. Está en constante interrelación económica, de comercio. De organización, de justicia y de división social.
El desarrollo cultural es de fecunda creatividad; de ser prácticos en su organización familiar y política. Reciben de Bochica “leyes y modos de vida... Les dio los preceptos morales y religiosos... Les enseñó la solidaridad humana que consistía en ayudar a los necesitados, cuidar y atender a los ancianos, velar por los enfermos...” . Existe un compromiso y una tendencia de pensamiento humano, de no-violencia, de una especialización en el trabajo, de buscar superar las inclemencias climáticas y geográficas.

El sentido de justicia muisca tiene como fundamento la valoración humana – los hombres son descendientes de la divinidad -, la búsqueda del bien común – satisfacción de las necesidades -, el respeto y la obediencia, la convivencia social y la organización de vida familiar, social, religiosa... Con ello, “lo humano es el elemento predominante en toda su vida y que sobresale como preocupación constante. El aprecio por lo humano fue su máximo valor” .


El pensamiento muisca sorprende por su elaboración y estructura concatenada a un ‘Dios creador, trascendente’ y al valor del hombre que lucha en su comunidad humana por llegar a proyectarse en una vida más plena. Ahora bien, nuestra función es la de recuperar aquellos escritos olvidados que traen un pasado lejano y desconocida para incorporarlos a nuestro devenir histórico. La palabra debe recibir un nuevo aire y calor de significados más humanos. La palabra viene a ser el principio de aquellos textos que producen satisfacción en el encuentro y desencuentro del pensar a la luz de la Historia.

Por Luis I. Rodríguez