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miércoles, 8 de julio de 2009

EL SINO MISTERIOSO




Un poema de amor
hace sentir y vibrar el silencio del alma

en la voz clamorosa de la conciencia
angustiada y pensativa por la soledad.

Una palabra gime y pide a gritos

andar, volar hacia la majestuosa cima,

expresión de libertad y luz de vida,

batalladora pluma frente a la soledad.


El sino misterioso
abraza
temeroso el vacío humano,

una palabra emerge del propio encanto,

del clamor astuto de la sedienta musa.


La fuerza impetuosa y radiante

surge del interior,

un pensamiento amoroso
cuestiona
el quehacer del solitario ser.

La danza del luchador en el silencio
desborda en encuentro matutino,

la risa solidaria transforma el espíritu
del andariego participante de la imaginación.

El sol acaricia la frívola tez
del soñador que escucha
la viva voz del inocente niño,
rueda viviente del sonreír.

Somos eternos vagabundos
que miramos con extrañeza
el sentido del amor y la esperanza
en el juego del soñar en sí mismo.

&

El amor, la esperanza, la libertad...
caminos encantados para despertar...

Por Luis I. Rodríguez

domingo, 31 de mayo de 2009

AL AMANECER...




En la noche estuvo caminando sedienta y pensativa.
Un resplandor apareció en la inmensidad,
holgando en la cabeza un tenue espectro de amor,
susurrando un pensamiento de intrigante vigor.

La luna con su esplendorosa cabellera
aprisionó consigo al amante enloquecido,
apareció un dulce aroma de ternura rondando
y una presurosa mano acarició la mía.

Los árboles movieron sus armoniosas ramas
como invitando a la danza de la soledad,
un escalofrío recorrió el paraje humano y
una lágrima de piedra brotó en la oscuridad.

Las figuras nocturnas salieron de la penumbra,
como moviéndose al son de la música celestial
una potente luz en el horizonte señaló
el camino del paraíso en el nocturnal.

Y las formas intercambiaban su sentido metafórico
en el quehacer andariego del gélido amanecer.
Los sonidos del viento reanimaron
en el crepúsculo matutino al sonriente gusano adormilado.

Por Luis I. Rodríguez

lunes, 13 de abril de 2009

LA RED




La araña con estrategia magistral tendió la red.
Danzó victoriosa en los finos, elásticos y sedosos hilos,
esperó sigilosa una delicada llamada y
con las gustosas antenas acarició
el último aleteo de una aventurera mariposa.
Llegó buscando el frenesí,
balanceó su cuerpo cual equilibrista de circo,
movió sus patas pegajosas y cansadas y
al instante programó el fin.
La red soportó la lucha entre las aventureras
y el viento balanceó sus cuerpos.
El tiempo fue testigo de la danza de la muerte
de una paradoja de ensoñación.
Y el tiempo contó la historia,
una pasión cubrió el lecho,
una red aniquiló un anhelante pensamiento...
una transformación...


Por Luis I. Rodríguez