Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de junio de 2009

LA LITERATURA, UN CAMINO ABIERTO


“El que no quiere nada,

ni espera nada,
ni tiene nada,
no puede ser artista”.

Anton Chejov


La Literatura en su contexto busca encantar al hombre y prepararlo a la búsqueda del camino hacia el poema sinfónico, cuya tonalidad transmite significados a través de un texto. El conjunto de ideas al fluir en el entramado, proyecta una imagen que engrandece al espíritu y lo hace vivenciar el proceso histórico. La Literatura es la vida del espíritu que rompe la superficialidad cotidiana.

En la totalidad hay armonía, comprensión, sonoridad. De ahí que, la naturaleza maternal acaricia y extiende la mano a la evocación de la intimidad, a la creatividad. Una idea es la realización potencial del todo en su aventura cósmica por desarrollarse. La naturaleza es aquella madre amante de la sabiduría, amante de soñadores y encantadores a la luz de la palabra.

La Literatura es el campo abierto que ilumina cual tea a un “principiante” en el amanecer próximo de las palabras. El cultivo cotidiano comienza con la preparación del terreno textual. El terreno se torna pedregoso, al no trazar un derrotero o un camino ideal para arrancar las malezas u obstáculos que impiden el crecimiento y el desarrollo de la palabra en la producción literaria.

Al florecer el texto, comienza la emanación de nuevas situaciones análogas y paradójicas. Aquí, las palabras no son vacías en significación, sino que en ardorosa marcha triunfal germinan cual planta en átomos de vida cognitiva. El fruto de la “palabra” es la misma “palabra con sentido”. Por eso, la palabra es el fruto que hace reír, soñar, embellecer, laborar, inteligir, investigar, creer, conocer, cultivar...

La Literatura es el agua de vida en la palabra. El escritor – el principiante – es el mago de la palabra. En el teatro vivencial es el encargado de maravillar, encantar y asombrar al espectador con tan gran “don”. Es como aquel jugador de ajedrez que en franca lid posibilita el éxito de la palabra. Por eso, en esa escenificación, los personajes se tornan reales o ideales en el camino de la felicidad.

La Literatura es el sendero de la imaginación perenne que en constante reflexión llega “a una razón” lógica y a vislumbrar una simbología. Como campo de reflexión presento un texto de Arthur Rimbaud, titulado:

A una razón

“Un golpe de tu dedo sobre el tambor
descarga todos los sonidos
y da comienzo a la nueva armonía.
Un paso tuyo es el alzamiento de los nuevos hombres
y su puesta en marcha.
¡Tu cabeza se aparta: el nuevo amor!
¡Tu cabeza se vuelve: el nuevo amor!
“Cambia nuestras suertes, acribilla las plagas,
comenzando por el tiempo”,
te cantan esos niños.
“Eleva hasta donde sea la sustancia de nuestras fortunas
y de nuestros deseos”,
te ruega.
Llegada desde siempre, te irás por todas partes”.

La Literatura es el camino constante que genera “cultura”. Para quienes se van y para los luchadores del éxito, la Literatura es la sabia que recorre las venas del cosmos en la búsqueda de “alguien” que posibilite un “quehacer vivencial”.

La Literatura es la máquina viajera y transformadora de insignes ilusiones humanas en la búsqueda de sí mismo. Es aquella lluvia que riega el espíritu con un sinfín de contextos. La invitación está en identificar el contenido y transmitirlo a generaciones futuras. Por eso, “el partir es un dejar de ser para comenzar a ser”. Salgamos al encuentro de la palabra, expresada en la Literatura a través de la lectura.

El camino está cercano, exaltando el laberinto de la vida. Por eso, Arturo Roa Bastos dice que “... La tarea del lector es hacer que el texto no escrito se escriba en su interioridad, se proyecte en la pantalla de su intimidad, en la cámara oscura de sus sentimientos, ideas, obsesiones, recuerdos, olvidos”.

Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 22 de abril de 2009

LA LITERATURA ES UNA AVENTURA





“Con facilidad se piensa y se acomete una empresa;
pero con dificultad las
más de las veces se sale de ella”.
Miguel de Cervantes


La Literatura es el camino que guía al hombre a la conquista del saber y del cosmos. El tránsito está lleno de abrojos, de valles y montañas. El campo literario es el principio y el fin del edificio cultural. La estructura del edificio literario ahonda en aquel terreno pantanoso y lleno de abrojos para pulir el temperamento indómito de un personaje atípico e intocable por el manto de la palabra. ¡Cuántos desean ser simples espectadores! ¡Cuántas teas querrán encenderse! ¡Cuántos desean ser llamados a seguir los pasos de ilustres literatos! ¡Cuántos reniegan por el abuso de la tea cavernícola! ¡Cuántos ciegos quieren ver las maravillas existentes! ¡Cuántos sordos desean escuchar el trinar melodioso de las palabras! ¡Cuántos personajes idear una quimera! ¡Cuántos seguir el ejemplo del Ingenioso Hidalgo Don Quijote! ¡Cuántos desearan entender los mensajes de Sancho! .

La cima es aquella quimera quijotesca que oscila entre el idealismo y la realidad, entre el bien y el mal. Sin embargo, la idea original palpita y centellea en el abismo de la desventura, osando al pensante a hilar ideales y realidades. El episodio que enriquece el espíritu valiente y memorable es la aventura de “los molinos de viento”, gigantes que vencieron al Caballero de la Triste Figura cuando “arremetió a todo el galope de Rocinante... y dándole una lanzada en el aspa, la volvió el viento con tanta furia, que hizo la lanza pedazos, llevándose tras sí al caballo y al caballero, que fue rodando muy maltrecho por el campo” . La obra cervantina transmite una dualidad temática entre la aventura y la desventura, el amor y el desamor, la justicia y la injusticia, las armas y las letras, la belleza y la fealdad, Rocinante y el jumento, el Quijote y Sancho...

Al ilustre lector queda la insaciable tarea de vivir en el todo existencial las posturas de un benemérito caminante que con su acompañante soñaron enriquecer los pensamientos de historias concretas, de aventuras en la coexistencia del misterio de la palabra en los albores del siglo XXI.
La Literatura se nutre de las desventuras. La sabia literaria quijotesca está en la preocupación por ayudar al ser humano a través de sabios consejos a generar y posibilitar una salida a encrucijadas naturales. Razón tiene en enfrentar al sabio caballero el Duque, diciéndole “En fin, famoso caballero, no pueden las tinieblas de la malicia ni de la ignorancia encubrir y oscurecer la luz del valor y de la virtud” . Por eso, “has de poner en quién eres, procurando conocerte a ti mismo, que es el más difícil conocimiento que puede imaginarse. Del conocerte saldrá el no hincharte como la rana que quiso igualarse con el buey” .

El hombre es una paradoja en constante juego. El juego de la imaginación produce una ruptura epistemológica a partir de la lectura de la obra cervantina. La escisión de la realidad está representada en la dicotomía entre la subjetividad – la naturaleza humana - y la objetividad – la imaginación, la fantasía -, como aparece reseñada en el suceso con los cabreros, en el que las aventuras fluctúan entre lo inmediato y lo fantástico.

La Literatura es un juego de espejos – verdadero símil literario -. La partida original del escritor oscila en diversas dimensiones humanas, penetrando hasta las entrañas del lector y haciéndole catarsis en las vibraciones del entendimiento. La purificación está en el compromiso y responsabilidad personal. Por eso, el hombre tiene que mirarse en el espejo del texto. Este ejercicio exige un ingrediente de valor. La valentía es la figura del esfuerzo por trascender lo mundano en la búsqueda de ideales y de fantasías. Porque “no es valentía la temeridad. Las esperanzas dudosas han de hacer a los hombres atrevidos; pero no temerarios” .

En la Literatura, el texto habla por sí mismo. Cada texto es el espejo aventurero del escritor y del lector - la imagen patética está en el Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes -. Éste semeja aquel principio de la refracción. De ahí que, en cada acción protagónica, el avezado lector se siente comprometido a imaginar posibilidades en compañía del caminante y acompañante. Por eso, el lector está en libertad de tomar posición y hacer “vivir” la palabra escrita. Con razón Don Quijote dice “la libertad es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida; y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres” .

La aventura quijotesca es nuestra realidad. La figura del caminante es nuestro yo reflejado y visualizado en la palabra hecha “risa”. ¿Quién no ha gozado con los episodios quijotescos? ¿Cuántos consejos meditados ha transmitido la Triste Figura? ¿Cuánta melancolía se ha vuelto sonrisa al despertar del letargo? ¿Cuántos problemas humanos han trascendido al éxito del saber? ¿Cuántas desventuras – aventuras transformadas en aventuras? Con razón el Quijote pregona con símiles literarios que “hombres bajos hay que revientan por parecer caballeros, y caballeros altos hay que parece que aposta mueren por parecer hombres bajos: aquéllos se levantan, o con la ambición, o con la virtud; éstos se abajan, o con la flojedad, o con el vicio; y es menester aprovecharnos del conocimiento discreto para distinguir estas dos maneras de caballeros, tan parecidos en los nombres y tan distantes en las acciones” .

Hoy la palabra está de fiesta. Danza con armonía el signo. La significación está viva en nuestro quehacer literario. El discurso cotidiano está plagado de sentidos versos. Las letras forman rompecabezas en procura de dar nuevos significados a nuestra tarea interpretativa de las obras literarias. Con razón “las letras sin virtud son perlas en el muladar” – respondió el hidalgo Diego de Miranda a don Quijote. Nuestro compromiso pende de la honestidad. Por eso, “la honestidad es una de las virtudes que el cuerpo y el alma más adornan y hermosean” .

Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 1 de abril de 2009

EL MITO, UNA APERTURA


“Un objeto o un acto no es real
más que en la medida en que
imita o repite un arquetipo”.
M. Eliade


La Literatura es la vida del hombre. Se hace realidad a través de la palabra. El juego de la palabra hace sonreír a quien descubre una oportunidad en la vida. En la lejanía y en la oscuridad se esconde la verdad cósmica del signo – significado, significante -. La aventura comienza cuando se osa en los riscos de la montaña. Cada montaña guarda un misterio y el hombre se aventura a encontrar las fuerzas secretas que invaden el intelecto.

La Literatura es el campo de la cultura poética y de la belleza perpetua de la palabra que se ha desarrollado a partir del “Mito”. El mito traza un camino semántico para la solidificación de la civilización y para la comprensión de las tradiciones culturales. La tarea del principiante es entender aquella estructura social y ver que las palabras escritas tienen la capacidad de perdurar en el tiempo con sentido actualizante. La palabra es un misterio permanente. Con razón Azriel Bibliowicz afirmó que “las palabras son las figuras que tenemos para capturar la realidad, volverla nuestra. Para recrearla de nuevo” .

La Literatura es el juego que captura y recrea al hombre a partir de los mitos universales. El mito es la mar de navegación y la inmensidad celeste. Por eso, “el mito – para Mircea Eliade - cuenta cómo, gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución” . El fin del mito es “tratar de interpretar la vida y los fenómenos humanos”, desde el origen. Por eso, el mito describe las irrupciones de lo sagrado en el mundo. Nuestra misión es comprender, entender e interpretar el drama de la sacralidad en el mundo.

El mito es el arquetipo que posibilita la interpretación de la realidad . Es a partir de él que la ficción literaria traza el camino para gozar en la búsqueda aventurera del primer principio de las cosas. Las cosas u objetos guardan una legitimidad y una legalidad inminente. A tiempo, cada cosa tiene un dinamismo e impulso que le permite hacer un llamado de atención. El hombre se siente atraído por el dinamismo y su ritmo cósmico. Esta relación sensible de la cosa engendra y posibilita un activismo hacia el hombre – sujeto cognoscente -. La apertura radica en descubrir el misterio de las cosas.

Las cosas guardan en sí mismas un misterio o una fuerza extraña a identificar, a descubrir, a comprender e interpretar. Si el hombre griego se admiraba del cosmos y el precolombino de las maravillas existentes en nuestro continente, ¿por qué hoy abandonamos el protagonismo interpretativo de nuestra historia? Si los Mitos son los forjadores de la cultura, ¿por qué no descubrir y comprender los hechos de nuestros antepasados? Vale la pena trazar un camino en el laberinto literario y aproximarnos al conocimiento de nuestro quehacer.

La solidificación de nuestra morada cultural se fundamenta en la evolución del conocimiento de los mitos y leyendas. Si el hombre griego ideó los mitos para enseñar al hombre a encontrar el equilibrio cósmico, los ideales de perfección y de trascendencia, ¿por qué no aventurarnos a descubrir el valor de las cosas y lo absurdo en lo que parece real?

En conclusión, el mito es la apertura substancial al conocimiento de la armonía cósmica y de su semántica, en la que según Jorge Luis Borges “los objetos se vuelven palabras y las palabras son los objetos” que transmiten un misterio porque “Si (como el griego afirma en el Cratilo) / El nombre es arquetipo de la cosa, / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo”. La fuerza extraña está en mi potencial por trascender significados que posibiliten el advenimiento de verdades .

Por Luis I. Rodríguez

lunes, 30 de marzo de 2009

LITERATURA, LA EXPRESIÓN DE LA VIDA


La Literatura es siempre una
expedición a la verdad.

Franz Kafka

El hombre se realiza existiendo y proyectando una imagen positiva del “mundo de la vida”. El quehacer humano es constante y vislumbra posibilidades de ser. El hombre debe saber cuestionar. O como dice Martín Heidegger, “saber cuestionar significa saber esperar, aunque sea toda una vida”.

Toda creación humana es una “construcción” que genera una comunicación, un diálogo, una apertura a seguir ideando el propio discurso, que se produce en la realidad humana. Con razón dice Heidegger, “el hombre no es nada, sino lo que hace de sí mismo; este hombre es el dueño de sí y sobre él descansa la responsabilidad total de su existencia”.

El discurso personal es la postura inteligible de la proyección de la obra de arte a través de la palabra. Con razón la Literatura “es una forma de la alegría, porque con ella se está gozando y se estará oyendo la voz de alguien, la voz del autor, esa voz que llega a nosotros” – nos comenta Jorge Luis Borges.

La Literatura es la expresión de la vida y se hace vida en las imágenes proyectadas. Pero la sociedad está en crisis y el protagonista está alejado de sí mismo, de los valores y de las esperanzas. El hombre está adormecido por las circunstancias industrialistas y por los avances tecnológicos. Hoy, el ser humano es un ser productor de mercancías, que vive con el signo de la violencia y está atravesado por la frivolidad del consumismo.

El quehacer filosófico está determinado en saber esperar y saber despertar del letargo intelectual, proyectando al hombre a la rebelión contra esa “cultura de la violencia”. El hombre es pregunta. El hombre está ahí para saber cuestionar.

Por Luis I. Rodríguez

martes, 24 de marzo de 2009

APROXIMACIÓN A LA LITERATURA -ensayo-


“Toda la Literatura consiste en un

esfuerzo por hacer real la vida”.

Fernando Pessoa


En la Literatura se encuentra la sabiduría de los pueblos. Cada símbolo representa una realidad, una vivencia en la que el ser humano deposita su ser. Las palabras son aquellas gotas de agua que en las flores amanecen, son lágrimas de la luna que de noche llora. La palabra es la substancia del discurso, elevando la mente al nocturnal etéreo, creando espectros que enriquecen el espíritu.

La Literatura es la preciosa piedra filosofal, que cual signo, exteriorización y permanencia, enriquece el ideario del insigne principiante que se atemoriza con tratar de plasmar “algo” que sale de su “ser”.

La Literatura trata del “espíritu de la letra”, como dice José Ortega y Gasset. En realidad, la Literatura es “el arte de crear belleza”, expresándola por medio de la palabra.

El hombre es un espectador activo que está interesado en “el signo”, en todo aquello que permanece guardado con significado. La búsqueda es permanente y, por cuanto, el arte constituye un medio de realizar la belleza por medio de la palabra.

El escritor es “el creador, el realizador, el artista literario” que utiliza signos lingüísticos para dar vida. La palabra es vida y se hace vida. Con razón escribía Alfonso Reyes que “la vida de la Literatura se reduce a un diálogo: el creador propone y el público responde con sus reacciones tácitas o expresas”.

El lector es el agente activo que sigue la secuencia vivencial del escrito y posibilita realidades que penetran en la existencia. Por eso, entre estas actitudes surge una intermedia “la comunicativa o crítica”, una postura activa.

El escritor depende del medio en que actúa. La creación es una imagen fantástica o real de todo aquello que quiere plasmar. La realidad existe sólo en cuanto acción y, el escritor se realiza existiendo en sí mismo, vivenciando una realidad transformadora.

Por Luis I. Rodríguez