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viernes, 15 de enero de 2010

EL VIAJERO - cuento -



El abuelo llevaba en sus hombros un saco pesado. Las fuerzas estaban flaqueando, pero se esforzaba y se quejaba con su amigo imaginario. Un lamento se dejó entrever en su caminar, porque cada quien habla a diario con su interlocutor.

El amigo le animaba con el pensamiento, aunque no le podía ayudar. Pensaba en aquellos momentos felices de su niñez, eran su consuelo. Caminaba despacio, las gotas de sudor caían lentamente como pequeñas piedras que gimen bajo su carga.

El sendero era estrecho y la naturaleza pródiga, cuando se le acercó un niño y le preguntó: "señor, ¿qué llevas ahí? ¿te puedo ayudar?" El abuelo refunfuñando y con una mirada perdida en el horizonte respondió: "mis zozobras, mis pesares, mis desencantos, mis angustias..."

Jack sonrió, pareció no entender. Se hizo el desentendido. El silencio abrigó la compañía. Los dos se miraron sin pronunciar palabras. La mirada del anciano se perdía en el horizonte; algo le interrogaba. Sentía la presencia de algo. La respiración profunda del niño animó el ambiente. Una sonrisa enmudeció al anciano. Jack invitó al descanso y aceleró la afirmación: "sería interesante valorar tu carga y examinar tus zozobras, tus pesares, tus desencantos, tus angustias..."

Gregory vaciló y sintió miedo. Las manos temblaban como si tuviese una enfermedad. Quiso tararear una canción de cuna o pronunciar una palabra. La impotencia se apoderó de su ser. La nada le invadía. Su mirada seguía como perdida. El viento le animaba y era su dulce compañero.

Jack se acercó y animó a Gregory, quien permaneció mudo. Una sombra negra pasaba milimétricamente y el silencio atestiguó la vacuidad.

"Déjame ayudar a llevar tu saco", dijo Jack. No, contestó el anciano. Eres un niño para llevar cosas tan pesadas y ajenas. Los hombres deberían llevar consigo sus cargas. Jack sonrió e invitó al anciano a mostrar el saco. Así lo hizo, pero, he aquí el saco estaba vacío.

"En realidad, dijo el viajero, había en el saco dos cargas demasiado pesadas para ser soportadas por mortal alguno; pero había olvidado que una era de ayer y se fue"; "¿Y, la otra...?", preguntó Jack. "La otra era de mañana y no ha llegado aún...". La vida es una constante batalla entre el sentido y el sinsentido. La vida tiene sentido cuando el hombre comienza a vivirla a plenitud.

Jack sonrió al escuchar la sentencia y le dijo al abuelo: "el hombre se dobla bajo el peso de las zozobras, de las angustias de ayer y de mañana... El hombre tiene que aprender a llevar el saco de la vida desde hoy. Gregory siguió el consejo y se puso en marcha. Hasta hoy, no lo he encontrado...

Por Luis I. Rodríguez

viernes, 30 de octubre de 2009

EL ECO...



El eco de tus pensamientos
transforman el caminar,
el amor sonríe al vaivén
de un árbol frondoso
con semillas de valores...

En el eco de las palabras,

el hombre investiga el sentido;

un sinsentido, una diferencia
engendra un ideal
constructor.
El eco de tu sonrisa

denota constancia, alegría,

perseverancia, humildad...
El eco de tus sueños

proyectan la fortaleza

al caminar en compañía...

En tu caminar hay seguridad;

el camino se transforma

al vencer los obstáculos
de la indiferencia y el egoísmo...
La muerte es la amiga del espejo,

reflejo del miedo y la apariencia;

la máscara penetra el ambiente
señalando la figura pétrea
que
yace a la vera del camino...

El eco de la muerte espera

el llamado de la tristeza

al abrazar la oscuridad...
El latido del corazón
acrecienta la agonía,
un pensamiento
nace al son de
la luna.

Por Luis I. Rodríguez

domingo, 13 de septiembre de 2009

LA NOTA MUSICAL


Se escucha un leve sonido
en el rincón del teatro de la vida,
un surtidor de vida presagia
el impulso de un aroma de flor
idealizada en el encanto del pensar,
una leve nota musical se escucha
en la profundidad del ser.
La orquesta prepara su melodía sedienta
de vaivenes en la mente lúcida que
vence la oscuridad con la ideación de
una serenata de pasión en
el advenimiento de la luz en pensamiento.
Las notas musicales recorren las aristas
de la cabellera escondida y sin gracia
en el escenario de la vida
el teatro del absurdo proyecta su imagen
en el muro de la oscuridad y los fantasmas,
el peregrino parece ver la realidad ficticia
en el encuentro consigo mismo.
La música levanta su grito de protesta,
en el escenario tiembla el hombre,
desconoce la razón de ser de la proyección,
un sinsentido abruma su quehacer sombrío
y la música siembra una transformación espiritual,
el pensamiento deviene en el transcurso
una razón, un sentido de vida, una luz.
La música encanta la mente extraviada y
reclama una dialéctica de lucha y ensoñación,
la realidad sombría es un espejismo
en el caminar sereno del hombre,
y la música encanta la imaginación
con la vibración de las notas de la naturaleza,
despertando del letargo al hombre,
proyección de vida, de misterio y poesía...

Por Luis I. Rodríguez