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viernes, 17 de abril de 2009

¿QUÉ ES EL CUENTO?



El hombre quiere investigar y preguntar la razón de ser de la palabra escrita que divierte al lector. El corazón palpita cuando escucha narraciones interesantes que transforman el espíritu. Esas pequeñas historias dejan preguntas. El cuento sacude y tensiona al ser humano con el misterio que guarda en sí mismo. El misterio cuestiona y genera nuevas experiencias al interior del texto.


El cuento es una narración breve en la que intervienen personajes concretos o ficticios con sus acciones. El cuento es una máquina de diversión que compromete al lector. El lector está interesado en comprender el diálogo que el autor quiere establecer a través de los personajes. El lector es el caminante que vive la historia y busca el sentido en el laberinto existencial de cada hecho. La tarea del lector es descubrir y conocer la corporeidad de la historia a través de los personajes. La fantasía del hombre es infinita.

El escrito literario proyecta un hecho histórico o circunstancial a través de la imaginación. Por eso, como dijo Jorge Luis Borges "hay quienes no pueden imaginar un mundo sin pájaros; hay quienes no pueden imaginar un mundo sin agua; en lo que a mí se refiere, soy incapaz de imaginar un mundo sin libros". El hombre no puede vivir sin leer ni escuchar un cuento desde la niñez hasta la madurez. El cuento es la vida del sentido y del sinsentido... El cuento es aprender a ver la diferencia en la indiferencia del ser humano. El cuento es visualizar el ser y el no-ser...

El cuento entretiene al ser humano y lo hace partícipe del diálogo gracias al lenguaje sencillo e inteligible. El cuento es el instrumento que despierta la curiosidad y el asombro problemático de la acción en conexión con la propia vida. La ficción sigue latente y como dijo García Márquez "la imaginación es un instrumento de elaboración de la realidad, es creación de realidad". El cuento es una vivencia de la realidad a la luz de la imaginación. La tarea es aprender a fantasear.

En conclusión, el cuento es como el hombre, un misterio; es el vehículo que compromete y sacude al hombre en su condición humana y lo sensibliza en su relación con los demás.
Por Luis I. Rodríguez

miércoles, 1 de abril de 2009

EL MITO, UNA APERTURA


“Un objeto o un acto no es real
más que en la medida en que
imita o repite un arquetipo”.
M. Eliade


La Literatura es la vida del hombre. Se hace realidad a través de la palabra. El juego de la palabra hace sonreír a quien descubre una oportunidad en la vida. En la lejanía y en la oscuridad se esconde la verdad cósmica del signo – significado, significante -. La aventura comienza cuando se osa en los riscos de la montaña. Cada montaña guarda un misterio y el hombre se aventura a encontrar las fuerzas secretas que invaden el intelecto.

La Literatura es el campo de la cultura poética y de la belleza perpetua de la palabra que se ha desarrollado a partir del “Mito”. El mito traza un camino semántico para la solidificación de la civilización y para la comprensión de las tradiciones culturales. La tarea del principiante es entender aquella estructura social y ver que las palabras escritas tienen la capacidad de perdurar en el tiempo con sentido actualizante. La palabra es un misterio permanente. Con razón Azriel Bibliowicz afirmó que “las palabras son las figuras que tenemos para capturar la realidad, volverla nuestra. Para recrearla de nuevo” .

La Literatura es el juego que captura y recrea al hombre a partir de los mitos universales. El mito es la mar de navegación y la inmensidad celeste. Por eso, “el mito – para Mircea Eliade - cuenta cómo, gracias a las hazañas de los seres sobrenaturales, una realidad ha venido a la existencia, sea ésta la realidad total, el cosmos, o solamente un fragmento: una isla, una especie vegetal, un comportamiento humano, una institución” . El fin del mito es “tratar de interpretar la vida y los fenómenos humanos”, desde el origen. Por eso, el mito describe las irrupciones de lo sagrado en el mundo. Nuestra misión es comprender, entender e interpretar el drama de la sacralidad en el mundo.

El mito es el arquetipo que posibilita la interpretación de la realidad . Es a partir de él que la ficción literaria traza el camino para gozar en la búsqueda aventurera del primer principio de las cosas. Las cosas u objetos guardan una legitimidad y una legalidad inminente. A tiempo, cada cosa tiene un dinamismo e impulso que le permite hacer un llamado de atención. El hombre se siente atraído por el dinamismo y su ritmo cósmico. Esta relación sensible de la cosa engendra y posibilita un activismo hacia el hombre – sujeto cognoscente -. La apertura radica en descubrir el misterio de las cosas.

Las cosas guardan en sí mismas un misterio o una fuerza extraña a identificar, a descubrir, a comprender e interpretar. Si el hombre griego se admiraba del cosmos y el precolombino de las maravillas existentes en nuestro continente, ¿por qué hoy abandonamos el protagonismo interpretativo de nuestra historia? Si los Mitos son los forjadores de la cultura, ¿por qué no descubrir y comprender los hechos de nuestros antepasados? Vale la pena trazar un camino en el laberinto literario y aproximarnos al conocimiento de nuestro quehacer.

La solidificación de nuestra morada cultural se fundamenta en la evolución del conocimiento de los mitos y leyendas. Si el hombre griego ideó los mitos para enseñar al hombre a encontrar el equilibrio cósmico, los ideales de perfección y de trascendencia, ¿por qué no aventurarnos a descubrir el valor de las cosas y lo absurdo en lo que parece real?

En conclusión, el mito es la apertura substancial al conocimiento de la armonía cósmica y de su semántica, en la que según Jorge Luis Borges “los objetos se vuelven palabras y las palabras son los objetos” que transmiten un misterio porque “Si (como el griego afirma en el Cratilo) / El nombre es arquetipo de la cosa, / en las letras de rosa está la rosa / y todo el Nilo en la palabra Nilo”. La fuerza extraña está en mi potencial por trascender significados que posibiliten el advenimiento de verdades .

Por Luis I. Rodríguez

lunes, 30 de marzo de 2009

LITERATURA, LA EXPRESIÓN DE LA VIDA


La Literatura es siempre una
expedición a la verdad.

Franz Kafka

El hombre se realiza existiendo y proyectando una imagen positiva del “mundo de la vida”. El quehacer humano es constante y vislumbra posibilidades de ser. El hombre debe saber cuestionar. O como dice Martín Heidegger, “saber cuestionar significa saber esperar, aunque sea toda una vida”.

Toda creación humana es una “construcción” que genera una comunicación, un diálogo, una apertura a seguir ideando el propio discurso, que se produce en la realidad humana. Con razón dice Heidegger, “el hombre no es nada, sino lo que hace de sí mismo; este hombre es el dueño de sí y sobre él descansa la responsabilidad total de su existencia”.

El discurso personal es la postura inteligible de la proyección de la obra de arte a través de la palabra. Con razón la Literatura “es una forma de la alegría, porque con ella se está gozando y se estará oyendo la voz de alguien, la voz del autor, esa voz que llega a nosotros” – nos comenta Jorge Luis Borges.

La Literatura es la expresión de la vida y se hace vida en las imágenes proyectadas. Pero la sociedad está en crisis y el protagonista está alejado de sí mismo, de los valores y de las esperanzas. El hombre está adormecido por las circunstancias industrialistas y por los avances tecnológicos. Hoy, el ser humano es un ser productor de mercancías, que vive con el signo de la violencia y está atravesado por la frivolidad del consumismo.

El quehacer filosófico está determinado en saber esperar y saber despertar del letargo intelectual, proyectando al hombre a la rebelión contra esa “cultura de la violencia”. El hombre es pregunta. El hombre está ahí para saber cuestionar.

Por Luis I. Rodríguez