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lunes, 13 de septiembre de 2010

EL TESORO ESTÁ EN TU INTERIOR



¡Un tesoro permanece escondido

dentro de cada ser!
Un pensamiento se abre camino
en la espesa penumbra al amanecer.

¡Un tesoro permanece escondido
como el mendigo solitario en la calle!
El jardín de la ilusión está floreciend
o,
un tesoro yace en el silencio del árbol.

¡Un tesoro permanece escondido
en tu sonrisa, efluvio de amor!
Encuentro mi corazón sorprendido,
mi levadura de amor, un caudal a plenitud.


¡Un tesoro permanece escondido

en tu sonrisa, efluvio de amor!
Una voz íntima retumba
en el ebrio fantasma, el silencio.

¡Un tesoro permanece escondido
en tu silencio,una voz gime en el jardín!

Los cánticos rondan tras la sombra,
indagando por la rica savia transmutada.


¡El tesoro está en tu interior,
despertando una luz de vida!

Por Luis I. Rodríguez

martes, 27 de octubre de 2009

EL ESPEJO DE LA VIDA


Hay un silencio oculto,
un tiempo de alegría y esperanza,
los testigos gritan en el horizonte,
el silencio recorre el cuerpo
como cae la penumbra en la vejez.
La noche angustiante crece y
el silencio solitario fortalece
la presencia del ser en el espejo,
reflejo de una isla imaginaria.
En el horizonte una luz palpita
llamando la ansiedad está,
don nadie remata la mirada,
en el espejo la figura languidece.
La oscuridad florece y
su aroma energiza el ambiente,
los árboles humanos tiemblan
bajo la lluvia, la savia recorre
la figura pregonando la fuerza
interna que rompe los esquemas
superficiales del insensato ente.
Frente al espejo se detiene
la figura insomne y anonadada,
la lluvia golpea el espejo,
el rostro se refleja y pregunta
por la máscara de cristal
que asusta y se pierde en
el vacío personal.
Frente al espejo,
mi ser espira,
recobra la fuerza,
pregunta y se asombra.
La sangre fluye tranquila,
un calor enciende el pensamiento,
el yo se anima y juega
en el espejo de la vida.
La sombra se pierde,
la nada recobra su ser.
El espejo refleja lo que soy,
la ceniza arde y
el humo se esparce,
los pensamientos
fluyen...

Por Luis I. Rodríguez

sábado, 15 de agosto de 2009

DESILUSIÓN...

Escuché el eco de tu voz silenciosa y pensativa

como la luna en el firmamento...

Sentí miedo, corrí con el pensamiento,

no estabas allí...

Temblé al instante como el viejo árbol

golpeado por el impaciente rayo...

Una potente luz me arrojó,

caí de bruces como un niño,

una gota de agua me reanimó,

caminaba en mi angustia existencial...

Me sentí desprotegido, abatido,

la lluvia me abrazaba y consolaba,

la naturaleza castigaba al destructor,

al ciego vivo de corazón...

El agua corría a borbotares por el cuerpo

dispuesta a castigar al hombre,

una luz en la oscuridad,

una razón en la sinrazón...

El eco continuó taladrando en la mente

preguntando por el sentido y

la respuesta fue un soplo de sinsentido...

Me incorporé por un instante,

mi carne temblaba como el alma,

desorientado me aferré al árbol

de la vida que lloraba como niño

la pérdida de su savia...

Las ramas se secaron,

los pensamientos se quemaron,

quedó brillando la imagen de una desilusión...

Por Luis I. Rodríguez